Cada año asistimos al mismo lamento ministerial: la falta de médicos especialistas en los hospitales de Arica, Calama, Linares, Victoria o Puerto Aysén. Sin embargo, las medidas adoptadas suelen limitarse a incrementar los periodos obligatorios del Periodo Asistencial Obligatorio (PAO) o amenazar con el cobro de boletas de garantía a quienes deciden rescindir su contrato con el Estado.
Ese enfoque punitivo ha demostrado ser un rotundo fracaso. La fuga de talento médico no responde únicamente a diferencias de renta salarial con las grandes clínicas de la capital; responde a la frustración cotidiana de no contar con insumos básicos para salvar vidas, a la falta de descanso tras turnos de 24 horas y al aislamiento formativo que sufren quienes ejercen fuera de Santiago.
Una carrera pública moderna con arraigo territorial
Si Chile quiere especialistas comprometidos con la salud pública en sus territorios, debe transformar la carrera funcionaria de la Ley Médica (19.664): incentivos de vivienda, periodos formativos en centros de excelencia en el extranjero financiados por el Servicio de Salud y dotaciones adecuadas que impidan el desgaste y el burnout del equipo asistencial.
El personal de salud es el activo más valioso de nuestro sistema. Cuidar a quienes nos cuidan es el primer paso para una salud pública digna.